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A vueltas con el referéndum

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Concentración en el centro de Alcalá tras la noticia de la abdicación del Rey. Fuente: @acampadaAdH

Concentración en el centro de Alcalá tras la noticia de la abdicación del Rey. Fuente: @acampadaAdH

Ante el anuncio de la abdicación del Rey en el príncipe Felipe y el trámite sucesorio, se ha revuelto el patio.  Los partidos republicanos convocan manifestaciones pidiendo un referéndum sobre la forma del Estado previo a una reforma constitucional y los partidos mayoritarios en el Congreso se escudan en la legalidad, el trámite y la manoseada constitución para negar la consulta.

Como ciudadanx consciente del gran esfuerzo que supuso el consenso para elaborar la Constitución del 78, conozco que ese esfuerzo también conllevó el que no se resolvieran todas las cuestiones que como país teníamos que afrontar. Los partidos mayoritarios que se han alternado en el poder en estos años, han ido sorteando estas cuestiones de mala manera y transmitiendo a la población una sensación de que estos problemas son cuestiones ideológicas y no cuestiones de fondo, de modo que los ciudadanos se sienten cada vez más lejos de las instituciones y la Constitución se ha convertido en un fósil que no resuelve nuestras necesidades como país y a la que se aferran los partidos mayoritarios como un devoto al brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús.

Esta semana el presidente del Congreso veía un peligro en la convocatoria del referéndum porque los afectos a la monarquía podían no acudir a votar, mientras que la participación entre los que son partidarios de una república sería mayoritaria. Por otro lado, el socialista José Ramón Jaúregui decía, en nombre de su partido, que no consideran que haya un consenso social en contra de la monarquía.

Un argumento y el otro vienen a aclarar por qué no se pregunta a los ciudadanos sobre una cuestión que, lejos de ser ideológica solamente, es fundamental en la organización de un Estado.

Habría que decirle al señor Jaúregui que esta consulta no está justificada por la existencia de un consenso que vaya a derrocar la monarquía, sino porque en la votación sobre la Constitución, este aspecto fundamental se integró en la votación de un texto completo, en un momento histórico con una población sin práctica democrática, que iba a votar la opción que apoyaba el poder y que valoró más el final de la dictadura. Aun así, la abstención en aquella ocasión fue del 41 por ciento, por  lo que el 88 por ciento que dijo SI a la constitución representa en realidad a un 52 por ciento de los electores posibles.

Probablemente,  si se hiciese la consulta en este momento ganaría la opción de monarquía parlamentaria, y según esto no se entiende por qué desde el Partido Popular y el Partido Socialista se niegan a realizar el referéndum apoyándose en una constitución obsoleta, a la que lxs ciudadanxs no se sienten vinculadxs.

La respuesta a esta incógnita la dio el señor Posadas: el miedo a la abstención. La desafección de lxs ciudadanxs respecto de la clase política y las instituciones ha llegado a un extremo, en el que lxs votantes que tradicionalmente han votado a las opciones mayoritarias ahora recurren a la abstención como un modo de mostrar su desconfianza. Por no decir que lxs votantes no tienen que cumplir la disciplina de partido a la que están obligados los diputados. Es decir, estos representantes se aferran a la “confianza” que les otorgaron lxs electores para defender el derecho de decidir por ellxs.

Si en un referéndum ganase la monarquía con un 70 por ciento de los votos emitidos y un 55 por ciento de abstención, los populares y socialistas no podrían utilizar el argumento de que la monarquía tiene un apoyo masivo  porque en realidad representaría a un 31,5 por ciento de los votantes, esa cifra no es un apoyo masivo.

Por otro lado, este referéndum tendría que ser el paso previo a una reforma constitucional que ninguno de estos dos partidos quieren abordar.

Como ciudadano que reclama su derecho a decidir, pido una reflexión sobre la “confianza” que damos a los representantes. Esta confianza no es un cheque en blanco, no es una entrega de los hilos con que manejar a las marionetas, no es una renuncia al control de su labor como tales representantes o como administradores de la cosa pública. Según el argumento tan socorrido últimamente de que lo que vale es lo que dice la Constitución, recuerdo a quienes ejercen el poder que el artículo 92 de esta norma dice: “Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos“.

La forma política del Estado es una decisión de especial trascendencia.

El alcalaíno impaciente

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